Verónica Piña de Urdaneta

Politóloga

Política Tropical

 

Desde la conquista hasta el 21N

Con el voto cruzado, el marabino habla, más bien grita. Manda a la parte trasera del estadio, a quienes quieren imponer una sola visión.

Desde el mismo momento de su nacimiento, esta ciudad ha sido “complicada”. Históricamente fue parte de profundas contradicciones, unos comienzos inciertos, con diferentes fundaciones (1529, 1569, 1574) y abandonos.

Cuando 7 provincias de la Capitanía General de Venezuela conforman en 1811 la primera República, la provincia de Maracaibo se mantiene fiel a la Corona Española por lo que recibe en su escudo de armas el lema de la «Muy Noble y Leal». No es hasta 1821 que se suma a la causa libertadora.

En 1859, comienza la guerra entre los liberales y conservadores. La población de Maracaibo rechaza al movimiento liderado por los “federalistas”. Es a partir de 1863, producto de la rivalidad entre Jorge Sutherland y Venancio Pulgar, aunado al trabajo ideológico, orquestado por el semanario “La Unión del Zulia”, editado por Amenodoro Urdaneta (hijo de Rafael Urdaneta), que la ciudad se anexa a la causa federal. Sutherland aprovecha el discurso de la Federación para transformar la provincia de Maracaibo en “Estado Soberano del Zulia” (1864), anexando los estados Trujillo, Mérida y Táchira. Luego, exige reivindicaciones del gobierno federal y se proclama en rebelión contra la Revolución Azul.

Bien caro cobró la rebeldía Guzmán Blanco, juró que reduciría a la altanera Maracaibo a “simple playa de pescadores”. En 1881, decreta la unión del Zulia con el estado Falcón y cambia a Maracaibo de capital, nombrando primero a Casigua y luego a Capatárida bajo la figura de Estado Falcón Zulia. La ciudad pierde su categoría de puerto internacional. Maracaibo, responde engrandeciéndose, aislándose y formando organizaciones comerciales con grandes inversionistas europeos. Notables avances tecnológicos, culturales, de infraestructura y educativas son la altivez y el orgullo de un pueblo que no se amilanó.

Maracaibo, la ciudad de contradicciones políticas, aún tiene vivo en el imaginario colectivo, el antagonismo como modo de rebeldía. La reticencia como manera de relacionarse. En el proceso democrático, y a partir de 1989, cuando es posible escoger nominalmente a alcaldes y gobernadores en Venezuela, comienza un juego de alternabilidad y oposición entre los dirigentes elegidos para alcaldía y para la gobernación del Zulia. Tres décadas de un sorteo de derecha e izquierda compitiendo para un mejor o peor trabajo (en algunos casos), que los electores maracaiberos imponen, hurgando en su memoria histórica, el llamado de atención fruto de la personalidad histriónica que define nuestra identidad.

En el recuerdo de los marabinos se evoca con claridad la competencia sana entre Manuel Rosales y Gian Carlo Di Martino

El período más resaltante y vistoso de esta ciudad fue entre el 2000 y el 2008. Manuel Rosales, de “Un nuevo tiempo” partido hijo de AD, es electo gobernador del Zulia. Gian Carlo Di Martino, había llegado a la Alcaldía de Maracaibo, por ese mismo partido, pero siendo de izquierda, para su segundo período apoya el movimiento gestado por Hugo Chávez. En el recuerdo de los marabinos se evocan con claridad la competencia sana entre esta rivalidad. Maracaibo se convirtió no retóricamente, en la ciudad más bella de Venezuela.

Con el voto cruzado, el marabino habla, más bien grita. Manda a la parte trasera del estadio, a quienes quieren imponer una sola visión. A Maracaibo, no le interesa que se hace a nivel Nacional, ni siquiera regional, un tácito narcisismo la lleva a tomar cualquier decisión que la coloque a ella como princesa única y consentida. Tener nuevamente la ciudad limpia, iluminada, el colorido de Bella Vista, las mejores ferias de Venezuela, son los deseos latentes de los maracuchos. Fuera de todo extremismo politiquero, la opción que puede favorecer a la Reina del Lago esta vez es la sana competencia entre Manuel Rosales y Willy Casanova.

 

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